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5 claves para pensar el cambio de paradigma de comunicación interna a comunicación/cultura

Los tiempos en que la estrategia de comunicación interna era desarrollar canales y gestionar contenidos han terminado. Para los que venimos hace tiempo recorriendo el camino de la CI esto no es novedad. Lo nuevo, o novedoso del asunto, es que recién hoy las compañías se están despertando seriamente al hecho de que  gestionar estratégicamente la comunicación hacia sus colaboradores es la clave para gestionar su cultura organizacional.

Por supuesto, no es que desde el discurso institucional se desconociera esta verdad a voces. Sólo que, como siempre sucede, una cosa es decirlo y otra llevarlo a la práctica. Lo único que necesitamos es hacer un ejercicio de honestidad bruta, y preguntarnos cuánta cohesión cultural encontramos en los mensajes que acompañan las distintas acciones e iniciativas de comunicación interna que se implementan en la organización. En mi experiencia, mucho de lo que he visto hasta el momento son grandes esfuerzos (de tiempo, dinero, y personas) que se debaten entre lo ético, lo estético, y lo cosmético.

Pero entonces ¿qué está pasando hoy en el mundo corporativo que está emprendiendo el viaje hacia la comunicación como herramienta estratégica de gestión de la cultura organizacional? Como compartimos en un post anterior, la díada comunicación/cultura es inseparable, y considero que el cambio de estrategia por iniciar el camino hacia este “nuevo paradigma” comprende al menos los siguientes cinco puntos.

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La importancia de institucionalizar conductas de buenos ciudadanos corporativos

Permítanme por favor otra obviedad: las organizaciones son conversaciones, o mejor dicho redes conversacionales. Y las conversaciones sólo pueden darse entre personas. De aquí que las compañías sólo operan en función de las motivaciones y principios de los sujetos culturales (léase personas) que las conforman.

Hoy la sociedad exige que las compañías se comporten de manera responsable dentro de las comunidades en las que operan. Por eso, para ser un buen ciudadano corporativo, es fundamental que toda la organización comparta los mismos principios, valores sociales, éticos, culturales, y económicos que refuerzan su red conversacional.

Como actor social, las compañías hablan a través de sus colaboradores. El compromiso de éstos con los objetivos organizacionales, el contexto en el que operan, y el impacto social y ambiental de sus actividades, debe considerar una estrategia unívoca, y llevar a la comunidad un mensaje claro y contundente a través de todos sus colaboradores. Como sabemos, los principales embajadores de una compañía son sus propios empleados. Es aquí donde la comunicación interna requiere necesariamente adoptar el paradigma de comunicación/cultura.

La necesidad de crear marcas sustentables

A esta altura del estado del arte, creo que compartimos la certeza que al hablar de sustentabilidad no estamos haciendo un acto de reduccionismo a cuestiones medioambientales. De hecho, ser sustentable es mucho más que atender la importancia que tiene el cuidado de los recursos naturales y el impacto de las operaciones de la compañía sobre el medioambiente.

Una marca sustentable es ante todo la resultante de una compañía que se “pre-ocupa” de generar el mejor ambiente de trabajo posible para sus colaboradores, que potencia las competencias individuales en favor del desarrollo colectivo, que se mantiene sana económicamente, y que propone y sostiene una idea firme de mundo mejor con un alto protagonismo de su parte.

Frente a este desafío, el cambio de enfoque de la comunicación interna hacia la comunicación/cultura es crucial para facilitar los hábitos de gestión de una marca sustentable a través de conversaciones productivas y sistemáticas que permitan y fomenten la implementación de mejores prácticas globales, pasando desde la innovación a la estimulación de conductas culturales sostenibles, y de allí a la generación hábitos.

La transformación del mindset generacional

Ya hay mucho (muchísimo) escrito sobre los millennials y sus horizontes de expectativas en relación al trabajo y la vida misma. Y en lo que todos coinciden es que el concepto de autonomía para la toma de decisiones, la tolerancia al error, el trabajo en equipo, y atención crítica a los entornos en los que se mueven son algunos de los drivers centrales de la nueva generación. No obstante, no todas las culturas organizacionales están preparadas para asumir el desafío.

Muchas organizaciones ya han preparado sus instalaciones y propuestas de valor al empleado para resultar más atractivas para las nuevas generaciones. Sin embargo, no han formado a sus equipos para comprender la inminente matriz de pensamiento que llega a la compañía. La convivencia generacional entre los sub-30 y los post-45 se vuelve muy tensa para todos los colaboradores. En consecuencia, la cultura corporativa se ve afectada por la diversidad de valores que entran en tensión, los juicios y prejuicios sobre los conceptos personales de responsabilidad, compromiso, dedicación, etc.

En este escenario, la comunicación/cultura como nuevo paradigma de la comunicación interna cobra un sentido estratégico para achicar la brecha generacional, y consolidar un modelo cultural inclusivo con amplia tolerancia a la diversidad y un fuerte sentido de oportunidad para tomar lo mejor de cada generación.

La ardua batalla por retener y atraer a lo mejores

El networking es una realidad. Y no hablo del networking interno que todos conocemos en las compañías multinacionales. Me refiero a ese otro que junta a un ingeniero de Argentina, con un desarrollador de México, un experto en marketing de España, y un diseñador de Estados Unidos. Este equipo forma una compañía, desarrolla su producto/servicio, y sale al mercado.

Este es un escenario que empieza a inquietar y entusiasmar a muchas organizaciones porque ven que el mapa global de talentos está transformando sus oportunidades de obtener los mejores talentos del mercado, más allá de local.

A este contexto debemos añadirle una de las tendencias más importantes de estos años en materia de empleabilidad. Hoy los mejores talentos del planeta prefieren trabajar de manera autónoma, seleccionando cuidadosamente cada proyecto y compañía para la que trabajan.

El desafío es entonces crear organizaciones con marcos culturales atractivos para captar la atención de esta “nueva raza” de profesionales, y lograr que desarrollen altos niveles de compromiso e identificación con la compañía para no perderlos.

La transformación de los planes de comunicación interna en planes estratégicos de comunicación/cultura contribuyen a achicar las distancias y generar contextos de contención organizacional que permiten desarrollar un alto sentido de pertenencia al proyecto y a la compañía para la que se trabaja.

La urgencia de crear entornos de alto desempeño gestionando la diversidad cultural

Al momento en que escribo este post, los mercados están asistiendo a una de las mayores crisis financiera de la historia que algunos economistas arriesgan a sentenciar como peor que la crisis del ‘30. Como saben, no soy economista, así que no tengo mucho más que agregar sobre esto. Sólo puedo contarles que desde mi posición de consultor al frente de grandes cuentas en compañías multinacionales y locales de gran porte, participo de conversaciones donde se dan cambios repentinos de estrategia y foco de negocio, en función de los movimientos del mercado.

Dentro de este marco económico global, la capacidad de adaptación al entorno se ha vuelto crítico para operar de manera relativamente estable. Las estrategias de “hacer más con menos” están a la orden del día, y esto requiere altos niveles de productividad de los colaboradores. El problema aparece cuando hay que alinear a este nuevo escenario a todas las subculturas que operan dentro de una organización.

Hace un tiempo conversábamos sobre esto en este post, y aunque es una tarea difícil, con esfuerzo, dedicación, y un gran sentido de la oportunidad estratégica es posible consiguir la confluencia de las matrices culturales que actúan en una organización.

Gestionar la diversidad cultural dentro de la organización no es algo que pueda hacerse desde el viejo paradigma de la comunicación interna. Simplemente es imposible. Y esto es algo que las compañías más inteligentes del mercado han entendido en los últimos años. La oportunidad está en implementar estrategias desde una matriz de comunicación/cultura para lograr alineación cultural en todos los niveles.

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Seis drivers para medir la felicidad laboral y lograr mayor productividad

“Tenemos muy buen clima interno acá. De hecho mejoramos en la encuesta de clima, pero de ahí a asegurar que tenemos empleados felices hay una distancia larga. Creo que no llegamos a eso” dijo la gerente de Recursos Humano.

¿Pero por qué es importante la felicidad laboral? Porque conocer el grado de felicidad con el trabajo que tienen los colaboradores es un tema de productividad. Mientras más contentas se sientan las personas, mayor será su nivel de creatividad, innovación y rendimiento. Y claro está que no se puede confundir el clima interno con la felicidad laboral. Ser feliz en el trabajo es una resultante que trasciende todos los aspectos de la relación empleado/empleador, por el simple hecho de ser una emoción intrínseca que está determinada por distintos factores que las encuestas de clima actuales no atienden. Entonces ¿cómo podemos medir la felicidad de nuestros colaboradores?

En búsqueda de la felicidad

Pensar en las emociones de nuestros colaboradores viene de la mano del movimiento de la psicología positiva. De manera breve, la psicología positiva estudia las bases del bienestar psicológico a través de emociones positivas como la alegría, el optimismo, la creatividad, la gratitud, la sabiduría, y la resiliencia entre otras. El movimiento fue impulsado por Martin Seligman a finales de los 90 en la Universidad de Pennsylvania.

De acuerdo a Seligman, hay tres categorías de emociones positivas: las relacionadas con el pasado, las del presente y las del futuro. Las emociones positivas del pasado incluyen la satisfacción, la alegría, el orgullo y la serenidad. Las emociones positivas del futuro involucran optimismo, esperanza y confianza, y las del presente se dividen en dos categorías diferentes: los placeres que consideran por lo general algún nivel de estímulo externo, y las satisfacciones que se manifiestan en el alcanzar los objetivos por los cuales hemos trabajado, el flow, la eliminación de la timidez, y el saber administrar las emociones negativas para beneficio del objetivo personal.

Como vimos cuando compartimos algunos de los principios básicos del sistema de recompensa emocional, hay conductas y comportamientos organizacionales que favorecen al sentimiento de felicidad y compromiso. Les propongo entonces que sumemos algunos puntos más a la lista para saber qué medir cuando queremos conocer el nivel de felicidad que tienen nuestros colaboradores en el trabajo.

Los seis indicadores clave para cuantificar la felicidad laboral

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Tal vez, la parte más compleja de medir la felicidad laboral está en el abordaje metodológico y en los segmentos de análisis que serán objeto del trabajo de campo. A propósito de esto, en la encuesta de felicidad laboral que hemos diseñado con mi equipo, nos remitimos a abordar estos seis focos estratégicos de relevamiento:

Foco cognitivo: uno de los principales indicadores de un colaborador feliz en el trabajo está representado por sus ganas de aprender y desarrollarse en su actividad. La curiosidad constante y la voluntad por ganar eficiencia en su tareas es un indicio claro de alta motivación. El pensar con entusiasmo el negocio y su voluntad para proponer nuevos productos y/o procesos, son ejes clave de medición. En este sentido, un empleado feliz busca contribuir siempre a su desarrollo personal y al de la organización, obligándose con frecuencia a salir de la zona de confort. En otras palabras, la felicidad laboral tiene una gran cuota de “mejora intelectual continua” internalizada en su gente, y manifiesta en un amplio involucramiento con la compañía.

Foco emocional: como sabemos las emociones positivas son claves para el desarrollo de la felicidad. De hecho son claves incluso en la toma de decisiones más racionales. En el contexto laboral, una persona cualquiera experimenta distintos sentimientos en relación a sus logros, performance, desafíos, y fracasos. De aquí que el foco emocional es de gran importancia para medir la felicidad en el trabajo. Por supuesto, en este eje entra el grado de resiliencia que han desarrollado nuestros colaboradores en la organización. En este sentido, conocer los niveles de tolerancia al error,  perseverancia y predisposición a aprender de los aciertos y fracasos, resultan fundamentales para disponer de un mapa emocional completo, que se complementa con la capacidad de experimentar satisfacción y orgullo personal y colectivo por los logros alcanzados. Dicho de otro modo, lo que se busca medir es la pasión con la que las personas se desempeñan en la organización.

Foco apreciativo: reconocer las fortalezas individuales y colectivas es otro de los ejes de interés relevante. Sentir que uno es importante por sí mismo para la organización, y al mismo tiempo sentirse parte de un equipo extraordinario y talentoso es clave para declararse feliz en el trabajo. Los niveles de reconocimiento hacia los otros, y de los otros hacia uno mismo son esenciales para experimentar altos niveles de valoración personal y grupal. Las organizaciones más felices del mundo comparten un elevado nivel de empatía en todos sus miembros, que les permite valerse de la inteligencia emocional del equipo sin distinción de roles. Por supuesto, aquí también intervienen la apertura de los líderes, el feedback bidireccional, y el sentirse escuchado y respetado. Reuniendo estos indicadores podemos determinar los niveles de valoración positiva que operan en la compañía.

Foco colaborativo: para medir la felicidad laboral es necesario conocer los niveles de  identificación que las personas experimentan con los equipos que interactúan. Factores como la confianza, la equidad interna, la colaboración entre áreas, y el compartir objetivos comunes ayudan a elevar los niveles de compromiso con el otro y la auto-realización dentro del marco organizacional. El grado en que se experimenta la colaboración dentro de una compañía es un gran determinante para tener empleados felices.

Foco en las condiciones materiales: como se imaginarán, no todo es romance. Las estructuras materiales no puede dejarse de lado ya que son el sostén físico de las actividades que se desarrollan en las compañías. Entre otras variables, aquí se condensa la facilidad de acceso a las herramientas de trabajo óptimas y necesarias para desarrollar las tareas, las comodidades y prestaciones que ofrece el espacio de trabajo, lugares de esparcimiento, disponibilidad de salas de reunión, el orden, la limpieza, etc.  Cuando “la casa” es linda, la gente se siente a gusto y disfruta de su estancia. 

Foco compensatorio: aquí lo que se busca conocer es la percepción que tienen los colaboradores sobre las oportunidades que les presenta la compañía para desarrollarse como individuos y como profesionales. Temas referidos al salario, ascensos y promociones, flexibilidad horaria, planificación, y otras variables son objeto de análisis. Todo trabajo por definición requiere esfuerzos y sacrificios, pero al igual que cuando se practica un deporte, la recompensa por ello debe experimentarse como una satisfacción  exponencialmente superior. Conocer el nivel de conformidad compensatoria que tienen los empleados es otro indicador clave para determinar la felicidad laboral.

Medir lo felices que están nuestros colaboradores en la organización puede ser una aventura inquietante. Lo mejor es que al hacerlo, la compañía puede reconocer los principales focos motivacionales e inspiracionales de su gente para sentirse feliz, trabajar sobre ellos, y en consecuencia, llevar los niveles de productividad e innovación a su máximo potencial. ¿Te animás a medir la felicidad laboral de tu organización?

LOS 3 CAMINOS DE LA COMUNICACIÓN INTERNA

Si me lo permiten, me gustaría comenzar este artículo con una obviedad: la comunicación interna (CI) es una herramienta estratégica de gestión para las organizaciones. Sin embargo, el escenario actual aún presenta tensiones evidentes entre la teoría y la práctica, el decir y el hacer. Esto que me gusta definir como intervenciones comunicacionales éticas, estéticas, o cosméticas.

En mi experiencia la configuración del escenario puede resumirse en estas tres formas de entender la comunicación interna. Por supuesto, cada una tiene sus características propias que se manifiestan en la implementación. Les comparto entonces mi punto de vista, y los invito a que me cuenten los suyos:

La primera de las formas de comunicación interna que me gustaría abordar es la comunicación cosmética. En muchas organizaciones la gestión de la comunicación interna es aún una cuestión de make-up de canales. Reconocer este modelo es muy fácil. Todas las iniciativas están centradas únicamente en mostrar todo del modo más grandilocuente posible por cuanto canal se tenga disponible. Sin embargo, detrás del show no hay nada. Las organizaciones con este abordaje comunican porque “queda lindo” y está de moda hacer campañas de comunicación interna o tener una red social interna.

En efecto, cuando se empieza a bucear en este tipo de comunicación,  con rapidez queda al descubierto un claro desinterés del management sobre la comunicación interna como herramienta de gestión. Los colaboradores son incapaces de identificar los mensajes clave que deben conocer para desarrollar el máximo potencial de la organización, y suelen experimentar una completa desalineación entre el decir y el hacer de la compañía. Como podrán imaginarse, al nadar en estas aguas, el mayor de los problemas de es la ausencia de espacios formales de feedback. En la comunicación cosmética el vector fuerza está dado por el decir, y no por la escucha activa.

En segundo lugar está el imperio de la estética. Con un tensión permanente entre el “deber ser” y el parecer, cuando la comunicación interna es estética, aparece a simple vista un compromiso retórico de gran parte del management que choca contra las intenciones francas y espíritus comunicativos de la organización. Aquí el privilegio de las formas está por sobre los contenidos, dejando entrever una estrategia débil respecto para la comunicación de mensajes clave. En este sentido, los colaboradores tienden a percibir una muy baja alineación en los equipos de liderazgo, y suelen caracterizar la comunicación interna en relación a los estilos comunicacionales de su líder inmediato.

Cuando la comunicación interna posee un tinte estético, los espacios de feedback ascendente y descendente se ven forzados (quién no ha escuchado alguna vez “nos consultan pero no hacen nada con nuestras sugerencia”), y en consecuencia, todos terminan experimentando grandes discrepancias entre el discurso y las conductas.

Para el final, y sin ánimos de ponerme Kantiano (bueno, un poco sí), está la comunicación interna ética. Cuando la CI es entendida como un deber “moral” dentro de una organización, cada uno de los colaboradores que participa de la red conversacional, logra experimentar un profundo compromiso con el libre flujo de información, el feedback bidireccional, y el mantenimiento de la coherencia interna entre el decir y el hacer.

En efecto, donde opera una comunicación interna ética, la cultura corporativa es siempre de alto desempeño, y se observa un potente y claro interés de los líderes por fomentar el cara a cara como eje estratégico de sus relaciones con sus colaboradores en un marco de alta productividad.

En general, toda la gestión comunicacional se presenta con un claro foco en valores y conductas, que los miembros de la organización comparten como patrón cultural innegociable.

Por supuesto, para que todo esto suceda, la comunicación interna ética no se apoya en cientos de canales y acciones rimbombantes. Esto sólo se logra con una estrategia de comunicación de mensajes clave, garantizada por un plan de comunicación sustentable en cuanto a medios y personas.

Partiendo de esta base, ¿qué tipo de comunicación aplican las organizaciones en las que trabajan?

Tres aproximaciones que podrían hacer del cambio organizacional un juego

Según mi propia intuición, el 99,9% de los mortales compartimos algo en común: no nos gusta perder. Ok, el dato no vale a efectos estadísticos, pero seamos sinceros ¿quién está dispuesto a perder con gusto? Creo que nadie. Sólo unos pocos se entregan a la derrota y, seguramente, lo hacen con gran desesperación y angustia. El resto siempre busca ganar, o al menos, no perder.

La mayoría de los procesos de cambio concentran mucho la atención en impartir cursos, talleres, y todo tipo de capacitaciones para todas las líneas del organigrama. Y la gran verdad de todo esto es que sólo 3 de cada 10 cambios organizacionales llegan a ser exitosos. El resto pierde en el intento.

Entonces, ¿qué es lo que hace que miles de personas se embarquen en la aventura de crear un cambio organizacional y repitan, una y otra vez, un modelo de transformación que sólo garantiza una taza de éxito del 30%? Es probable que la causa principal sea la ilusión de ganar la guerra contra las resistencias del cambio. Sin embargo, creo que en el esfuerzo se han olvidado que algo tan serio como un cambio cultural, requiere más de una estrategia de juego que de un corpus fantástico de tácticas motivacionales.

Gracias a John Nash podemos calcular matemáticamente las mejores probabilidades de éxito para todas las partes involucradas en el proceso de jugar al cambio. Y aquí es donde volvemos al inicio de este post.  Si planteamos el cambio organizacional como un juego, las personas estarán más predispuestas a poner todo su empeño en lograr el triunfo ¿Por qué? Simplemente porque no estamos preparados para perder, y en todo juego, el objetivo último es ganar.

Pensemos  por un minuto en otros ámbitos de la realidad corporativa. Las estrategias de negociación win-win, o las “nuevas” tendencias hacia las organizaciones holocráticas sólo guardan detrás de sí un único secreto para su éxito: al emplearlas la premisa es que nadie pierde.

Desde chicos jugamos para ganar, para distendernos, para permitirnos soñar y fantasear en triunfo legendarios, románticos, épicos. Y esos recuerdos quedan grabados en nuestro cerebro, dispuestos a reactivar una inyección potente de dopamina, oxitocina y adrenalina que nos impulsan a buscar el éxito en la misión.

Abordar el cambio cultural como un juego supone un cambio de paradigma donde cada participante buscará alcanzar la victoria en la parte del juego que le toca, al tiempo que necesita del éxito de los otros participantes para alcanzar la gloria final.

El estudio del cambio cultural desde una perspectiva de juego es un tema apasionante y con unos límites muy difusos al día de hoy. No obstante, hay al menos tres cosas que hemos aprendido y que me gustaría compartir con ustedes:

1 – Cuando jugamos aprendemos: ciertamente no es una novedad. Es que cuando una persona se dispone a jugar, la partida se torna una cosa sería. Los niveles de concentración y dedicación que se ponen al momento de jugar, son por lejos muy superiores a los que el común de nosotros empleamos frente a un contenido teórico o algún caso de éxito ajeno. El ser protagonistas del juego nos coloca en situación de aprendizaje continuo, a través de la toma de decisiones, los aciertos y errores. Y por sobre todas las cosas, nos pone en modo “indestructible” (o God Mode para los fanáticos de las consolas), llevándonos con todo el esfuerzo posible hacia la victoria.

2 – Es más fácil jugar cuando se pueden identificar los roles y ganancias personales: es parte del mismo principio de no aceptación de la derrota. Imagínense un mundo donde todos estuviésemos dispuestos a perder en lugar de estar dispuestos a ganar. Lo cierto es que saber cuál es el rol y la misión que debe conquistar cada participante del cambio, es la base fundamental para inspirar la toma del desafío. De este modo, las personas logran reconocerse victoriosas individualmente para luego sentir el orgullo de sentirse parte de la gloria colectiva. Saber qué gana cada uno en el juego desde el lugar que ocupa es crucial para el compromiso de los participantes.

3 – Lo más complejo es hackear la mente: y es que plantear el cambio como un juego genera resistencias de las más profundas. La mayoría de las personas no llegan a comprender lo extremadamente serio que puede ser comprometerse con un juego. Tal vez la mejor estrategia sea comenzar por definir y comunicar la parte más racional del juego: jugadores, roles, reglas, premios y castigos, objetivos, misiones. Como hoy sabemos de la mano de las neurociencias, nuestro cerebro aprende y actúa más desde lo emocional que desde lo racional. En consecuencia, el juego puede ser en sí mismo la mejor manera de hackear la mente y la cultura de una organización.

Ustedes qué dicen ¿estamos preparados para jugar al cambio, o estamos más cercanos a que los procesos de cambio sigan jugando con nosotros?

Cómo hacer que tu red social interna funcione sin morir en el intento

Más que una tendencia en comunicación interna, las herramientas sociales corporativas son hoy una realidad en América Latina.  Con Yammer a la cabeza y Social Cast siguiéndola de cerca (próximamente también estará facebook@work), las organizaciones están depositando en ellas grandes esperanzas al tiempo que luchan con la frustración de los bajos niveles de uso que registran las plataformas. En consecuencia, en este post vamos a compartir algunas iniciativas que pueden ayudarnos a superar la inevitable conclusión de que “nadie usa la plataforma social de la compañía”.

Ustedes dirán, aunque creo que nos es importante pararnos hoy sobre el “qué” implica la adopción interna de una herramienta  social. Como todos sabemos, el trasfondo conlleva un cambio cultural profundo sobre el modo y los medios en que nos comunicamos internamente en la organización. Entonces, vamos a detenernos en el “cómo” para ver algunas iniciativas útiles que pueden hacer que nuestra red social interna comience a dar los primeros pasos.

Trabajá en lo social: algunos más y otros menos, pero todos estamos familiarizados con el uso de las redes sociales como un espacio para saber (a veces demasiado) “qué es de la vida de…”. Y es que por alguna extraña razón, a las personas nos gusta mostrarnos públicamente, y nos gusta aún más ver lo que otros muestran. Sin embargo, en el marco organizacional, mostrarse no siempre está  bien visto. Y aquí es donde entra lo social como herramienta para la desinhibición. Publicar fotos de los equipos del mes, organizar concursos de fotos en vacaciones, tiempo libre, valores o cualquier otra iniciativa, contribuye a generar un alto tráfico de colaboradores por la red interna y fomenta la participación activa de la gente en la plataforma. En otras palabras, cuando estamos empezando a instalar el uso de nuestra herramienta, lo social prima por sobre lo corporativo.

Hacete fan del hashtagging: ok, no sé si existe este gerundio, pero el caso es que utilizar hashtags (dícese del símbolo # que precede a una palabra clave) nos permite incentivar conversaciones bajo un tópico concreto y tener organizada la información bajo etiquetas. La clave está en tener previamente definidas una serie de hashtags uniformes que fomenten la participación de nuestros colaboradores en categorías previamente definidas. Algunos de los más frecuentes son #comunicacióninterna, #beneficios, #innovación, y #concurso. Por supuesto, con el tiempo serán los propios colaboradores quienes nombren las conversaciones, pero para arrancar es necesario tener una lista mínima de hashtags definidos con su nombre y la descripción de la información que se puede presentar bajo el mismo.

Armá tu red interna de community managers: básico. No es posible alimentar una red social si sólo depende de una persona o un área de la organización. La mejor alternativa es convocar a un representante de cada área e involucrarlo activamente en el proyecto. Para esto es muy recomendable tener lista una agenda de actualizaciones de estado, frecuencia de publicación, y hashtags posibles que los ayude a optimizar el tiempo de uso de la plataforma, porque como sabemos, ser el community manager del área es una tarea más que se suma a las propias del rol. Para garantizar el éxito de esta red, es importante que la gente que asuma la responsabilidad lo haga por voluntad propia y no como una tarea impuesta.

Abrí espacios de diálogo con líderes y expertos: esta es una de las claves del éxito de nuestro proyecto social. El involucramiento de los líderes y los expertos de la organización es central para que nuestros colaboradores se sientan tentados a participar del espacio. Incorporar espacios de preguntas y respuestas, micro-charlas con expertos de la organización o cualquier otra iniciativa, ayuda a que los colaboradores le den relevancia al canal.  Y son los líderes organizacionales quienes tienen que comenzar con el ejemplo, poniendo la herramienta al servicio del negocio. Dicho de otro modo, estos espacios buscan equilibrar la balanza entre lo social y lo corporativo, al tiempo que contribuyen a institucionalizar el espacio como herramienta de comunicación del negocio.

Hacelo móvil: que los dispositivos móviles se han convertido en una extensión de nuestro cuerpo no es novedad. De hecho, la tendencia es a consumir cada vez mayor cantidad de información mediante ellos. ¿Cuándo fue la última vez que visitaste una red social desde tu Smartphone o Tablet? Aja, si no pasaron más de 20 minutos, podés estar tranquilo que perteneces al clan de los mortales. Aprovechar las extensiones móviles de las plataformas sociales internas es la mejor manera de ayudar a la adopción de las mismas. Incluso, lo más probables es que la mayoría de tus colaboradores con smartphones accedan a ella desde sus propios dispositivos, y no desde su pc/laptop corporativa. En un día ordinario de trabajo, la mayoría de las personas están concentradas la mayor parte del tiempo en reuniones o llevando adelante sus proyectos. En cuanto disponen de un minuto, lo primero que hacen es ver su celular y chequear sus perfiles personales. Es aquí donde tu red social interna tiene una oportunidad de obtener tráfico. Puede ser en el almuerzo, en la ida o vuelta al trabajo, o en un momento de inspiración divina. Lo importante es que si la plataforma es móvil, siempre habrá un espacio de tiempo en que tus colaboradores entren para ver qué pasa, e incluso, puede que participen de la construcción de contenidos.

Por supuesto, la idea de fondo de las redes sociales internas es que contribuyan a generar una comunicación más fluida  entre los colaboradores, fomenten la innovación, el surgimiento de ideas, y el intercambio eficiente de información a través de toda la organización. Y sin duda, alcanzar este objetivo nos permitirá maximizar la relación costo/beneficio de la herramienta. Aunque esta es una batalla que no podremos ganar en el corto plazo.

Y ustedes ¿qué experiencia tienen con el uso de redes sociales internas?¿Qué estrategias están implementando para elevar el nivel de uso e internalización de ellas?

¿Qué significa hacer comunicación interna sustentable?

El concepto de sustentabilidad está presente en todos los niveles de las organizaciones responsables. Aunque aún quedan algunos sentidos difusos en cuanto a las formas en que se aplica, creo que es pertinente seguir el significado que en 1987 le otorgara Gro Harlem Brundtland en su famoso informe para las Naciones Unidas como “la capacidad de satisfacer necesidades de la generación humana actual sin que esto suponga la anulación de que las generaciones futuras también puedas satisfacer las necesidades propias”. Sobre esta base considero que, con el correspondiente arreglo a pensar en términos de CI, existe una oportunidad para pensar la comunicación interna como herramienta de gestión sustentable.

En mi opinión, para llevar a la práctica esta tarea se requiere de al menos de tres condiciones: garantizar la eficiencia de los medios actuales y futuros, implementar proyectos económicamente sanos y responsables con el medioambiente, e impulsar la planificación a largo plazo en materia de CI. Me gustaría entonces compartir con ustedes estas impresiones.

Garantizar la eficiencia de los medios actuales y futuros: aunque parece una tarea sencilla no lo es. Ser eficiente, y por tanto sustentable en comunicación interna significa tener la capacidad de emplear y desarrollar medios de comunicación que no agoten y saturen a nuestros colaboradores. Hoy disponemos de excelentes canales de comunicación que han sido demonizados por un uso ineficiente de los mismos. Pensemos un segundo en el e-mail y la sobresaturación de información, sin olvidarnos de mencionar la utilización de la copia indiscriminada. De igual manera pongámonos a pensar en las interminables reuniones de staff donde muchas veces no se llega a nada. Ni qué decir de las miles de intranets caóticas donde encontrar la información que se necesita, o acceder a las herramientas que se requieren es casi un proyecto de inteligencia social. Entonces ser eficientes y sustentables hacia el futuro en relación a los medios de comunicación interna implica aplicar un criterio de utilización estratégica de los mismos, cruzado de un gran sentido de la oportunidad y efectividad, para garantizar que no estamos agotando los medios de los que dispone nuestra organización para tener una comunicación fluida con los colaboradores.

Implementar proyectos económicamente sanos y responsables con el medioambiente: y ciertamente no se trata de remplazar lo impreso por lo digital, o de utilizar más papel FSC. Plantear proyectos de comunicación interna sustentables requiere de crear las condiciones necesarias para obtener los mayores resultados, invirtiendo la menor cantidad de recursos posibles. Esto no es otra cosa que planificar estratégicamente cada acción, sabiendo qué se quiere decir, cómo se lo va a decir, identificando los canales más eficientes para vehiculizar el mensaje. En lo personal me ha tocado ser parte de grandes campañas de comunicación interna donde el placer por el “empapelar la compañía y hacer mucho ruido” superaba cualquier intento de racionalidad. Lo que un proyecto de comunicación interna sustentable debería buscar es ser económicamente viable (empleando la menor cantidad de recursos para obtener el máximo resultado), y tener el menor impacto posible sobre el medioambiente, lo que incluye el cuidado de la contaminación visual.

Impulsar la planificación a largo plazo: quizás este sea el mayor desafío de todos. La vorágine organizacional deja siempre a la comunicación interna en un terreno de planificación a corto plazo. Pensemos en los planes de marketing a 5 años, los de negocios a 10 años, incluso en planes de Recursos Humanos que miran 3 años hacia adelante.  Esto no sucede en la mayoría de los planes estratégicos de comunicación interna. Si queremos hacer de nuestro proyecto comunicacional un proyecto sustentable debemos poder superar la barrera de los 12 meses. Para esto es necesario comprender en profundidad la estrategia de la organización, y desarrollar un plan a largo plazo que la contemple. Con la comprensión total de la estrategia del negocio se puede crear un proyecto comunicacional con un norte claro en el futuro, y con la suficiente flexibilidad a nivel táctico para atender a los movimientos posibles del entorno. Si nuestra estrategia de comunicación interna es buena y está alineada a las necesidades actuales y futuras de la compañía, podremos variar acciones, incluso definir año tras años los mensajes clave, pero siempre dispondremos de una orientación firme que potencie a la organización fortaleciendo el sentido de pertenencia de nuestros colaboradores, y el compromiso con el propósito organizacional, y sin duda las capacidades de innovación y cambio requeridas.

Con toda humildad considero que esta triada es necesaria aunque no suficiente, y con la misma impronta pienso que entre todos podemos construir el corpus mínimo de indicadores para hacer de la comunicación interna una herramienta de gestión sustentable. La pregunta sería entonces si estamos listos para hacerlo.

3 cosas sobre las que deberías pensar si trabajas en comunicación interna

No sé qué pensarán ustedes, pero yo estoy convencido de que el mundo de la comunicación interna va por carriles diferentes a los que nos muestran el consumo de medios actual y las teorías “re-descubiertas” del management y el liderazgo.

Diría que hoy la CI para muchas organizaciones está en el siglo pasado. Como en todo, hay excepciones. Algunas compañías no cuentan con presupuesto, otras no cuentan con los recursos humanos y técnicos necesarios (qué raro suena a esta altura de la historia seguir hablando de las personas como recurso ¿no?), y algunas otras, simplemente, no tienen voluntad de transformar su comunicación interna en una herramienta de valor para la gestión.

Sea cual fuere el caso (a excepción del último), creo que debemos hacer un esfuerzo por encarrilar nuestras estrategias y tácticas de comunicación interna, poniéndolas en línea con los sistemas de consumo cultural de hoy, y con arreglo a los modelos que nos brindan las organizaciones inteligentes con alto desempeño.

De los cientos de temas que necesitan ser abordados para traer la CI a los tiempos que corren, me parece oportuno comenzar por estos tres:

1 – La comunicación cara a cara como prioridad: tal parece que en algún punto de la historia nos olvidamos que la herramienta más efectiva de comunicación es el cara a cara. De alguna manera nos dejamos embelesar por los canales tecnológicos de comunicación, y caímos en la ver que el 90% de nuestro plan de comunicación interna, tiene un montón de intranet, revistas, newsletters, posters, flyers, emailing, y un pobre 10% de comunicación cara a cara con un gran TBD (to be define) al lado. Las organizaciones con más alto rendimiento cuentan con no menos del 25% del tiempo dedicado a la comunicación cara a cara de los líderes con los equipos de todas las líneas. Sin embargo, hoy pareciera que el cara a cara como parte de la estrategia general de comunicación interna está sólo depositada en los best-sellers editoriales sobre liderazgo, desarrollo organizacional, y cultura corporativa. De algún modo tenemos que empezar a pensar cómo haremos para hacer que el 25% de nuestro proyecto estratégico de comunicación interna sea con instancias cara a cara.

2 – Los canales por los que hacemos comunicación interna: otra de las paradojas del nuevo siglo. Vivimos en una sociedad post-moderna y de conocimiento, pero en términos de CI nos seguimos manejando en los paradigmas de la modernidad y de la sociedad industrial. No es raro escuchar a colegas decir “la gente no lee”, “a los empleados no les importa nada más que su sueldo/salario”, y profundamente creo que no es así. Es simplemente un tema de adecuación a los nuevos tiempos. Creo profundamente que hoy las personas leen y se informan mucho más que antes, aunque de un modo distinto y más fragmentado. Y al mismo tiempo, hoy las personas (que casualmente son las mismas que entran en la designación empleados), están mucho mas acostumbradas a que la información vaya hacia ellos, en lugar de ir ellos mismos a buscarla. Esta es una de las principales causas del porque las carteleras o tablones de anuncios en las organizaciones están cayendo en desuso. La gente no los mira, y esto es simplemente porque prefieren mirar otras cosas. Asimismo, hoy se prefiere la información corta, concisa, al punto. De ahí el éxito de Twitter. Creo que para estar alineados al perfil de consumo cultural de los colaboradores de hoy tenemos que dar un salto en comunicación interna hacia las tecnologías del momento. Más allá de las tendencias, la incorporación de apps móviles como herramienta estratégica de comunicación interna es una realidad ineludible que debemos comenzar a pensar hoy mismo. Por más excusas que se quieran poner para esto, el primer desafío es dejar el “no” de lado y pasar al “cómo”. Pensemos el modo más eficiente para tomar el BYOD (bring your own device) como política,  y busquemos la forma de colaborar con los CIO (Chief Information Officer) para garantizar la seguridad de la información en cuanto a contenidos.

3 – El modo en que presentamos nuestros mensajes: así como la lectura de hoy es fragmentaria e hipertextual, el modo más certero en que nos acercamos a la información es mediante el lenguaje audiovisual. El video no sólo ha ganada un espacio predominante como herramienta de comunicación, sino que ha contribuido a generar mayores niveles de recordación de mensajes, incluso con un menor esfuerzo de concentración. Claro, es cierto que producir video de calidad es costoso. Simplemente creo que lo que hay que buscar es dónde se pone el esfuerzo audiovisual. Por ejemplo ¿Cuál es la inversión que realizamos en todo el proceso de la revista interna? ¿Consideramos que sería un gasto hacer un programa informativo trimestral en video? ¿Cuál de las dos iniciativas nos aportaría mayor ROI en términos de consumo, recordación? Ahora, hagámonos nuevamente la pregunta ¿Cuál de las dos iniciativas es más cara? Si la comunicación interna quiere ocupar un espacio de valor estratégico real en una organización, debemos pensar seriamente en cómo presentar a los colaboradores los mensajes, asegurando el mayor ROI posible en la acción.

Seguramente hay muchas más preguntas, aunque estas me parecen que son una buena base para comenzar a pensar el futuro. ¿Qué dicen? ¿Pensamos juntos?

El poder la influencia

Hace unos cuantos años atrás, cuando aún caminaba los pasillos de la Universidad Nacional de La Plata (Buenos Aires, Argentina), hablar sobre poder, hegemonía, e industrias culturales era moneda corriente para todos. Ser o no ser dueño del poder parecía representar la única fuente de éxito y frustración social y organizacional posible. Dependiendo de la inclinación política de cada uno, la balanza se inclinaría para uno u otro lado.

Hoy, después de más de una década de haber dejada atrás las aulas de la UNLP, al menos en mi rol de estudiante, y tras haber trabajado otro tanto con y en organizaciones exitosas y frustrantes, creo que estoy en condiciones de afirmar que, en mi propia experiencia, el tema del poder es menor frente a influencia.

Por supuesto, no es mi intención hacer una disertación filosófica o epistemológica de la cuestión. Sólo pretendo compartir algunas reflexiones en torno a la dicotomía que se presenta entre poder e influencia en el terreno de las organizaciones.

En estos pocos/muchos años de vida profesional aprendí que el poder es efímero, y la influencia puede llegar a ser perpetua. Y es que el poder está, en general, atada a condiciones politico-económicas que pueden cambiar en cuestión de segundos, sobre todo en un mundo tan convulsionado como el nuestro. Sin embargo, la influencia no requiere de mayor apoyo externo que un par de seguidores que compartan una idea.

Cuando pensamos en el poder dentro de una organización, inmediatamente se nos viene a la cabeza el concepto de autoridad. Aparecen los accionistas, CEO´s, CIO, CFO, mangers, line managers, jefes, supervisores, y toda la centena de cargos que puedan existir. Pero al preguntarnos por la influencia, el abanico de posibilidades se expande hasta dimensiones antes inimaginables. El poder dentro de una organización se agota en la pirámide organizacional, pero la influencia trasciende las estructuras y llega a las familias, los amigos, y otras organizaciones, en un flujo constante de retroalimentación mutua.

Mientras que el poder se concentra en “mandar a la acción” y enfoca su estrategia en la obediencia, el influenciador actúa haciendo que las personas se sienten co-creadoras y protagonistas de las decisiones y las acciones que emprenden. Sin duda esto hace que la influencia tenga que transitar un camino más turbulento que el poder para alcanzar resultados, pero a largo plazo sus logros son exponencialmente mayores. Así como la inmediatez, y la misión son aliadas del poder, el largo plazo y la visión son aliadas de la influencia.

Tal vez, el tiempo sea una de las principales barreras que debe atravesar hoy la influencia: se requiere de mucho para generar influencia, y el tiempo es escaso para lograrlo. Por eso, las organizaciones deben comenzar a trabajar en el desarrollo de futuros influenciadores hoy mismo, mientras conviven con líderes centrados en el poder. Y esto implica también, dar el salto de lo técnico a lo intelectual, y de lo operacional a lo creativo.

Creo que el poder la influencia radica en la capacidad de los influenciadores para sembrar ideas, hacer germinar otras, y contar con seguidores que se encuentran cerca suyo por convicción antes que por oportunismo u obligación. Y esta es una de las principales ventajas de la influencia en mi opinión. Los seguidores del poder se dispersan en cuanto el líder cae, mientras que la influencia trasciende a las personas y al centrarse en las ideas, consigue mantener su energía viva más allá de la figura del líder. Los influenciadores dejan marcas y huellas en las personas y las organizaciones en las que actúan proporcionando un legado compartido.

Las organizaciones que están destinadas a sobrevivir en la dinámica de este mundo son, sin duda, las que logren llegar, en un futuro no muy lejano, a dosificar la energía de las personas por hacer, antes que inventar y reinventar estrategias motivacionales para que la gente haga.

El futuro de la comunicación interna

Es muy probable que en los próximos 5 a 10 años la manera en que hoy armamos un plan de comunicación interna (CI) sea totalmente inútil. ¿Por qué? La repuesta está tan cerca que parece pegarnos una cachetada sin previo aviso. El contexto socio económico global está llevando a las organizaciones a trabajar cada vez más en espacios de networking virtual, con colaboradores asignados a proyectos con fecha de inicio y fin. Por ende, tenemos la urgencia de empezar a pensar en las necesidades comunicacionales de las compañías de un futuro no tan lejano.
A riesgo de caer en un uso inapropiado de la famosa futurología, las empresas del mañana se basarán más en la colaboración de talentos por proyecto que en la retención de los mismos. ¿Cómo afecta esto a la comunicación interna? Hay al menos tres barreras que debemos comenzar a pensar hoy:

1 – Dificultades para viralizar la cultura organizacional: con menos colaboradores viviendo el día a día de la organización, la necesidad de sostener la cultura organizacional en el top of mind de los miembros de la compañía se tornará una de las principales responsabilidades de la comunicación interna. Y es que nadie puede ser mejor embajador de una marca que sus propios colaboradores. En síntesis, la experiencia de marca deberá ser viralizada de adentro hacia afuera de la organización. El Plan Estratégico de CI no sólo deberá aportar los medios para hacer esto posible sino que deberá ser la herramienta principal de feedback para la construcción de los futuros proyectos de marca empleadora.

2 –Relación contenidos/colaboradores: y nos es un tema de tecnologías sino de consumo cultural. Las redes sociales internas, y la intranet proporcionan la base tecnológica necesaria para acceder a la información corporativa. Lo mismo sucede con las carteleras (digitales o no), y los house organ o newsletters. Sin embargo, aún hoy, los niveles de consumo y retención de información de los canales internos siguen siendo bajos. Actualmente, son muy pocas las organizaciones que ya están pensando en transformar sus plataformas con una estrategia de comunicación interna orientada a la experiencia de los usuarios en cuanto al consumo cultural de sus medios internos. Pero quieran o no, en el futuro cercano este será un tema de debate intenso para las compañías. La planificación estratégica de CI de los próximos años deberá tener en cuenta no sólo en contenidos (en relación a la visión y los mensajes clave), sino la experiencia que los empleados tienen al relacionarse con ellos.

3 – Desarrollo del sentido de pertenencia: con una distribución de colaboradores descentralizada, el desafió de crear el “orgullo de pertenecer” se enfrenta a uno de sus más grandes retos. El teletrabajo y los equipos transculturales crearán grandes proyectos, pero es muy probable que no logren identificarse con una compañía sin una estrategia de comunicación que atienda el vínculo emocional que deben crear los colaboradores con la organización.

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